Estos párrafos no hacen más que reafirmar, una vez más, el rol fundamental que desempeñó el "Mate" en imponer el "linaje criollo" en el fútbol, y desterrar las costumbres británicas que impregnaban este deporte .
La Argentine Football Association no permitía que se hablara en español en las reuniones de sus dirigentes, y la Uruguay Association Football League prohibía que los partidos se jugaran en día domingo, porque la costumbre inglesa mandaba jugar el sábado. Pero ya en los primeros años del siglo, el fútbol estaba empezando a popularizarse, y a nacionalizarse, en las orillas del río de la Plata. Esta diversión importada, que entretenía los ocios de los niños bien, se había escapado de su alta maceta, había bajado a la tierra y estaba echando raíces.
Fué un proceso imparable. Como el tango, el fútbol creció desde los suburbios. Era un deporte que no exigía dinero y se podía jugar sin nada más que las puras ganas. En los potreros, en los callejones y en las playas, los muchachos criollos y los jóvenes inmigrantes improvisaban partidos con pelotas hechas de medias viejas, rellenas de trapo o papel, y un par de piedras para simular el arco. Gracias al lenguaje del fútbol, que empezaba a hacerse universal, los trabajadores expulsados por el campo se entendían de lo más bien con los trabajadores expulsados por Europa. El esperanto de la pelota unía a los nativos pobres con los peones que habían atravesado la mar desde Vigo, Lisboa, Nápoles, Beirut o la Besarabia y que soñaban con hacerse la América levantando paredes, cargando bultos, horneando pan o barriendo calles. Lindo viaje había hecho el fútbol: había sido organizado en los colegios y universidades inglesas, y en América del Sur alegraba la vida de gente que nunca había pisado una escuela.
En las canchas de Buenos Aires y de Montevideo, nacía un estilo. Una manera propia de jugar al fútbol iba abriéndose paso, mientras una manera propia de bailar se afirmaba en los patios milongueros. Los bailarines dibujaban filigranas, floreándose en una sóla baldosa, y los futbolistas inventaban su lenguaje en el minúsculo espacio donde la pelota no era pateada sino retenida y poseída, como si los pies fueran manos trenzando el cuero. Y en los pies de los primeros virtuosos criollos, nació el "toque": la pelota tocada como si fuera guitarra, fuente de música...
Eduardo Galeano- "El fútbol a sol y sombra".