Que el fútbol sea un espectáculo es un hecho accesorio, porque en realidad, y esto hay que tomarlo muy en serio, el fútbol es un extraordinario tema de conversación.
Entre amigos o compañeros de trabajo, entre el chofer de taxi y su cliente, entre desconocidos de todos las clases sociales, en la calle, gracias a la pelota tenemos algo para contarnos y desaparecen esos pesados silencios.
A partir del fútbol aparecen temas bien diferentes porque cada partido cuenta una historia con sus elegancias, sus metas no logradas, sus ocasiones para los comentarios, así adquieren distintas jerarquías “los que estuvieron ahí”, “ los que lo vieron”, y “ los que se lo perdieron”.
Este fenómeno es único. Ni los políticos, ni la música, ni siquiera el tiempo provee de un tema de conversación tan universal, sobre el cual todos pueden tener un punto de vista que tiene el mismo valor, sea cual fuera su rango en la sociedad, un punto de vista solicitado, escuchado, discutido, con una suerte de libertad, igualdad y fronteriza que ningún otro tema permite.
Y es esto lo que mas se extraña, al día siguiente, después del partido, saldremos de allí con heridas graves, no porque el espectáculo finalice, sino porque nos veremos privados del tema, obligados a guardar silencio, nos faltara la palabra. Es el retorno a la soledad. Estaremos de nuevo alejados de los otros. Solamente podremos hablar del fútbol que ha pasado y prepararnos para el siguiente.