Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provistro de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
Jorge Luis Borges , Juan López y John Ward, referido a la Guerra de las Malvinas que forma parte de Los Conjurados (1985).
Pasaron 25 años, pero las heridas aún no cierran. La guerra de Malvinas sigue siendo una deuda pendiente para miles de argentinos. Invaden los recuerdos y las emociones, y se trata de honrar a los héroes caídos. Se cumplen 25 años de la Guerra de Malvinas y se conmemora el Día de los Veteranos y los Caídos en sus duros enfrentamientos. El 2 de abril de 1982, el dictador Leopoldo Galtieri lanzó la operación militar para recuperar la soberanía sobre el archipiélago que se cobró la vida de más de 600 soldados argentinos. Hace 25 años, en un intento por perpetuarse en el poder, el último régimen militar que gobernó el país llevó adelante la decisión de tomar las armas para recuperar las Malvinas.
La enorme carga de emotividad que pesa sobre Malvinas, dificulta separar la reflexión sobre los episodios desencadenados el 2 de abril de 1982, del recuerdo respetuoso de quienes murieron allí. Esa carga puede inhibir la disposición para examinar críticamente el trasfondo político de la decisión de aquel gobierno de facto que, para perpetuarse en el poder, intentó una huida hacia delante usando esa histórica y legítima reivindicación territorial. Después de la guerra del Atlántico Sur de 1982, la Argentina no fue la misma de antes.
Si uno lo piensa desde el valor de aquellos jovencitos inocentes y puro corazón que pusieron en riesgo su vida y en algunos casos hasta la dejaron allí, en las islas, defendiendo su bandera, seguramente lo fue. Pero visto desde cualquier otro punto de vista, Malvinas no fue una gesta sino que fue una aventura, una locura, una pesadilla.
La guerra de Malvinas concluyó el 14 de junio de 1982 con 255 británicos, tres isleños y 649 argentinos muertos.
Unidos por el Mate quiere rendirle un sentido homenaje a los veteranos de guerra y a los caídos en combate, e invita a nuestros lectores a una conmemoración reflexiva.