Con motivo del 65 aniversario del Campeonato logrado en forma invicta por Argentino de Quilmes en 1945, UXM entrevistó a Alfredo González, aguatero y colaborador de ese recordado equipo. Con 82 lúcidos años, Pampita recorrió los recuerdos de aquel plantel que, entre otros méritos, fue el primero en coronarse campeón de manera invicta en un campeonato de AFA. “Para mí Argentino de Quilmes fue y será mi familia. Una gran familia…” confió Pampita González emocionado. El Mate 1945, sobre un total de 20 encuentros ganó 17 y empató solamente 3; convirtió 89 goles (un promedio de 4,45 por partido) y recibió 28. El goleador Mate fue Juan Gayol (máximo artillero en la historia de Argentino de Quilmes) que anotó nada menos que 37 goles.
Semanas atrás se cumplieron 65 años del Campeonato logrado en forma invicta por Argentino de Quilmes en 1945. A la gran campaña del Mate en ese torneo hay que añadirle que fue el primer equipo en coronarse campeón de manera invicta en un campeonato de AFA.
El título de 1945 es uno de los tres campeonatos que consiguió la institución de la barranca en toda su historia, junto con el de 1938 (ascendió a Primera División luego de vencer en dos finales memorables al Quilmes A.C) y el de 1989 en Primera C, cuando Argentino dio la vuelta olímpica tras una emocionante definición con Ituzaingó en cancha de Nueva Chicago.
Sin duda que a ese equipazo la Tercera División de Ascenso (como se denominaba a la categoría en ese entonces) le quedó chica desde un principio. Sobre un total de 20 encuentros ganó 17 y empató solamente 3; convirtió 89 goles (un promedio de 4,45 por partido) y recibió 28. El goleador Mate fue Juan Gayol (máximo artillero en la historia de Argentino de Quilmes) que anotó nada menos que 37 goles.
Eran tiempos en que los jugadores defendían la camiseta durante varias temporadas y los hinchas, aun transcurridos varios años, podían recitar de memoria las formaciones desde el arquero hasta el último de la alineación.
Todavía se pueden escuchar ecos de aquellas voces que aun hoy recuerdan con emoción a temible delantera integrada por Benosilio, Sablich, Gayol, Menéndez e Infante.
En esa escuadra imbatible jugaron los arqueros Giacobbe y Fusco; Juan Carlos Torres, Juan Gayol, Benjamín Benosilio, Tomás Sablich, José Menéndez, R. Aguirre, J. Sánchez, H. Larrosa, Juan Castiñeiras, “Chicho” Infante, L. Forneri, R. Martínez, E. Scarpatto y A. Nouche; el D.T Francisco Corsetti; el Preparador Físico Domingo “Mingo” Sciaraffia y el aguatero Alfredo “Pampita” González.
Para
significa un motivo de gran satisfacción poder recordar y conmemorar un acontecimiento tan importante en la vida futbolística de nuestra institución y por eso conversamos con el querido Alfredo “Pampita” González, que, siendo un pibe en aquellos tiempos, fue el aguatero y colaborador de ese recordado equipo.
En la actualidad, con sus 82 lúcidos años, no se pierde un solo partido del Mate, ni de local ni de visitante. Dueño de una memoria envidiable, comenzó su relato: “Tengo los mejores recuerdos de ese año. A esos jugadores los recuerdo con mucho cariño, especialmente a mi ídolo de pibe, Juan Gayol. Aparte de ser un gran jugador, él era amigo de todos los pibes, nos trataba muy bien. Se hacía querer y era una gran persona por eso tenía a todos los chicos atrás de él. Y… era el goleador. Y a otro que yo quería mucho era a Juan Carlos Torres, el cinco, que había venido de Racing. Después estaba Sablich, un jugador muy admirado por la calidad que tenía. Me acuerdo que un partido contra Deportivo Huracán, íbamos 0 a 0 y Sablich tomó la pelota en el medio de la cancha, gambeteó a todos y entró con la pelota al arco que da al Tiro Federal. Todos los viejos que todavía vamos a la cancha recordamos siempre ese golazo… Pero Argentino ya tenía un equipazo el año anterior, pero no pudo salir campeón porque todos los jugadores tenían que someterse a una revisación médica en AFA y sacarse una radiografía. Resulta que como un jugador Mate no presentó la radiografía, nos sacaron los puntos y no pudimos salir campeones. Al jugador le decíamos Lito y encima era suplente. En ese año, en el 44, el campeón finalmente fue Barracas Central…”.
Y Pampita prosiguió con su relato: “¿Como llegué a ser el aguatero del equipo? Resulta que en esa época en Argentino había un señor que se llamaba Carpeta que era tío de Ernesto Verdaguer y que trabajaba mucho por el club. El que entraba de aguatero a la cancha era el hijo de este señor. Y un día resulta que este pibe se enfermó y yo lo reemplacé por dos o tres partidos, y al final me quedé para siempre. Yo aparte de aguatero hacía los mandados y esas cosas… Yo había empezado a ir a la cancha varios años antes, en el 38, el año que Argentino ascendió a Primera… ¡Pero yo nací en Argentino! Nunca tuve mamá ni papá y me crió una señora mayor que vivía pegado al club. Pasé una miseria bárbara. Entonces de chiquito yo ya andaba por el club y me mandaban a hacer mandados. Y me tiraban alguna monedita… Y algunos me regalaban zapatillas, zapatos que eran de los hijos, de los nietos, entonces al final me quedé en Argentino de Quilmes para siempre…”.
“Pampita” no quiso dejar de mencionar a una persona que con su simpatía se ganó el cariño de todo el plantel, pero que también tenía sus excentricidades: el Preparador Físico Domingo Sciaraffia. “Mingo” era todo un personaje. Fue campeón argentino de boxeo, actor y compositor de tangos como “Pa´ que te voy a contar”, que fue cantado por Hugo del Carril e interpretado por la orquesta de Alfredo de Angelis. Sciaraffia es el que aparece sonriente en las fotos con una gran letra M en el buzo. Esto nos contaba “Pampita”: “Como te dije anteriormente, yo era el encargado de hacer las compras para el plantel. ¡El agua que tomaban los jugadores la llevaba en dos bolsas de esas que se usan para calentarse los pies en el invierno! Y de lo que no me podía olvidar era de comprar una botella de ginebra por partido. Me mandaba Mingo Sciaraffia… Cuando terminaba el primer tiempo, el tenía en el vestuario una medida chiquita y me la hacía llenar de ginebra… ¡y le tenía que dar una medida a cada jugador! Pero siempre sobraba porque algunos no tomaban, como Torres, Fusco… Mingo decía que era buena para sacar el frío, ¡pero resulta que en verano también se las daba! (risas) Y había uno que se llamaba Chicho Infante que siempre me decía: ¡DALE NENE! ¡APURATE CON LA COPA! Se mandaba la medida y después del partido se tomaba lo que quedaba… Pero lo importante es que los muchachos se llevaban bien, no había celos entre ellos. Y yo creo que eso también ayudó… Pero este Mingo Sciaraffia era un personaje. Era íntimo amigo de Hugo del Carril. El siempre traía artistas a la sede del club que no le cobraban, y aparte se hacía un asadito como premio a los jugadores. Era un tipo muy gracioso que tenía una voz chillona y siempre contaba cuentos. Ojo que era un tipo muy importante para el grupo. Los días de lluvia, que no se podía practicar en la cancha, los jugadores entrenaban en su propio gimnasio que estaba en Retiro. Era un tipo que económicamente estaba bien. Le gustaba la joda, hablar de minas… Por ahí les decía a los muchachos que si se portaban bien les iba a presentar a alguna de las vedettes del Teatro de Revista, porque el también estaba en esa. En Teatro de Revista actuó de cómico y también actuó en una película…”.
A la hora de hablar de algunos de los jugadores de ese equipo, el primer lugar fue para el ídolo de nuestro entrevistado: el goleador Juan Gayol: “Gayol, cuando era joven, era un jugador todo fuerza que estaba siempre dentro del área. Después se fue un tiempo a Newells, y cuando volvió fue otro Gayol, más jugador. Levantaba la cabeza, colocaba la pelota… Volvió con otra visión. Pero también allá había jugado con monstruos como René Pontoni, Canteli, y también jugó algún amistoso para la Selección. Aparte no era egoísta… A pesar de ser el goleador del equipo no era egoísta. Además todos lo querían, los jugadores y la gente. ¡Y mirá que le pegaban, eh! Pero se la bancaba sin protestar… Después estaba Chicho Infante, que era un jugador de potrero. Parecía que estaba siempre enojado porque hablaba a los gritos. Pero siempre se reía… Tenía velocidad, pero aparte era un loco. Capaz que sabía que el rival se la iba a dar y en vez de hacerse a un costado metía la pierna igual. Y con suerte, porque siempre ganaba él. Era fuerte y cuando perdía la pelota bajaba a correr al contrario. Aparte era hincha fanático de Argentino y toda la vida fue a la cancha hasta que murió. En ese equipo todos sentían la camiseta… Y los que mandaban eran Sánchez y el capitán Torres, que era muy querido. En el entretiempo, cuando las cosas no andaban bien el que hablaba mucho era Sánchez, el full back. Te decía: DALE, DEJATE DE JODER, MARCÁ MÁS, APRETALO… Pero el técnico Corsetti también hablaba. A veces faltaban diez minutos y Argentino iba empatando y la gente se ponía nerviosa. Y Sánchez desde atrás se enojaba y gritaba: DEJENSÉ DE JODER, HAGAN LOS GOLES… Y los goles llegaban. Sánchez se enojaba y era bravo. Y adentro de la cancha se metía… para mí se metía más fuerte que ahora. No se agarraban en los córners, no se daban trompadas, pero se metía duro. Y el jugador de esa época tenía más dominio de pelota. Porque en esa época se jugaba al fútbol todo el día y en cualquier potrero, desde pibitos. Ahora los pibes para jugar al fútbol tienen que alquilar una canchita. Encima antes las canchas eran peores que las de ahora…”.
Además, señaló: “Antes se practicaba dos o tres veces por semana, y el técnico Corsetti venía de San Lorenzo. Y cada jugador, además de jugar al fútbol tenía otro trabajo. Por ejemplo Benosilio tenía una joyería en Capital, en Corrientes y Libertad. Varios años después lo fui a visitar con mi señora y me regaló un reloj… Después Juan Carlos Torres era mayorista de carnes y vivía en Hurlingham… Menéndez trabajaba en el Frigorífico “La Blanca”… Chicho Infante trabajó como pintor…”.
Un párrafo aparte para la hinchada: “Ese año iba muchísima gente a ver al Mate. De visitante nomás iban varios camiones con 200, 300 personas. También iba gente en tren, en auto. En el 45 teníamos una bandera que medía como cien metros, era la más larga del fútbol argentino. En todos los partidos la poníamos detrás del arco de punta a punta. Y después de los partidos, que Argentino ganaba siempre, agarrábamos la bandera y éramos como 300, 400 personas que salíamos caminando de la cancha hasta la estación, dábamos una vuelta por la plaza, pasábamos por el Diario El Sol… insultábamos a los del Diario El Sol y a los hinchas de Quilmes, y volvíamos por Rivadavia hasta la sede de la calle Alem, donde la gente estaba festejando tomándose alguna cerveza. Siempre estaba lleno. Cada partido de Argentino era una fiesta, y la gente se quedaba en la sede hasta la noche. Era lindo…”.
Antes de finalizar la nota, “Pampita” nos dejó algunos recuerdos y deseos personales: “Para mí esa fue una de las alegrías más grandes que me dio Argentino de Quilmes. Encima tuve la suerte de ser el aguatero… era el último en la fila, ¿pero quién me saca esa alegría? Aparte compartir tantos momentos con Juan Gayol, que era mi ídolo. Me acuerdo que cuando firmó contrato él vino a la sede, donde había un billar y una mesa de ping pong. Entonces la sede estaba siempre llena. Yo estaba con Pichón Cataldo, Juan Carlos Castro y otros pibes, y cuando firmó el contrato salió y nos vino a saludar a todos con un beso…” y agregó “Yo viví el campeonato del 38 y el del 45. Un gran deseo pendiente sería que Argentino ascienda por lo menos a la C… no lo quiero ver más en esta división. En mis últimos años lo quiero ver más arriba. Yo que lo voy a ver a todos lados, a veces veo cada cancha, cada equipo… ¡Con la gloria que fue Argentino de Quilmes! Yo siempre digo que Argentino es como el padre que no tuve. En Argentino me dieron mis primeros documentos, gracias al Dr. Horacio Oddone y a Juan Robirosa, que también fue presidente. Me dieron laburo desde pibe, me dieron mis primeros pantalones largos. Un día el Dr. Oddone, Simpatici y Coco Ithurralde me citaron en la puerta de la Catedral, en Mitre y Rivadavia. Yo era un pibito… Fuimos a una tienda que estaba en Brown y Rivadavia y me compraron un traje, dos camisas, dos mudas, corbata y dos pares de medias. Después fuimos a La Favorita y me compraron un par de mocasines. Salimos de ahí y me pusieron diez pesos en el bolsillo. De ahí me fui de traje a Cevallos y Rivadavia adonde paraba la barra Mate y cuando me vieron todo empilchado me dijeron: ¿NEGRO, A QUIEN LE ROBASTE? (risas)… Así que te repito, para mí Argentino de Quilmes fue y será mi familia. Una gran familia…”.
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